La reconstrucción debe empezar por Madelón

No hay dudas que Unión debe dar vuelta la hoja. Así es el fútbol profesional, tan cambiante en la Argentina. Porque cuando menos se descuiden estarán todos otra vez corriendo en las arenas de Mar del Plata, casi una cábala “madeloniana” de estos últimos lindos tiempos en el profesionalismo tatengue.

Antes de este previsible final frente a Aldosivi, el propio presidente rojiblanco Luis Spahn habló de “refrescar” al plantel. Creo que si en algo coinciden todos en el Mundo Unión sin necesidad de balotaje es en esta idea de su pope máximo. Algunos porque cumplieron el ciclo, otros porque directamente no dieron la talla y en el caso puntual de Ema Brítez porque pidió irse (uno de los pocos que entendió cómo jugar la “final” del viernes por la noche).

Lo otro que no admite discusión es que la reconstrucción del fútbol de Unión debe empezar por Leonardo Carol Madelón. Acá, Madelón tiene su lugar en el mundo y siempre fue la primera opción para los dirigentes “en condiciones normales”. Es decir: si viene el Dínamo de Kiev para llevárselo, Unión —claro está— no hará locuras de comprometerse a pagar lo que no pueda cumplir en el mes a mes.

Tiene razón Madelón cuando habla de “dos años hermosos” con balance positivo: lo ascendió, lo dejó en Primera y le dio una tranquilidad con el descenso que hace mucho no ocurría por López y Planes.

La sensación es que el técnico nunca terminó de dar vuelta la hoja con el tema Triverio. Ni adentro ni afuera de la cancha.

Desde afuera, cada vez que Unión recibía un golpe duro, el entrenador recordaba que “perdimos mucho con la ida de Kike” o “me queda la duda de cuánto más hubiéramos sumado con Enrique Triverio. Yo entiendo la necesidad del club de vender, pero me queda esa incógnita”.

No hace falta explicar porqué no acertó adentro: Riaño no fue ni la sombra del punta que hoy está en México, bajó su nivel Gamba, nunca se afianzó Soldano y “los dos Castro” que trajo Madelón no son más que los chicos de inferiores.

“Cuando ganamos somos todos rubios de ojos celestes”, acostumbraba a decir un personaje nefasto del fútbol de Santa Fe. No es nuevo en el fútbol la historia que “la derrota nunca tiene padres”. Pero también Madelón deberá, con grandeza, mirar para adentro en qué se equivocó. Porque a pesar que le dejó muchas cosas positivas al fútbol profesional de Unión, sería un error de Leo —y sus colaboradores— pensar que no se equivocó en nada.


Madelón tiene razón cuando dice que la campaña, aún con este final desdibujado, no es fracaso. Yo creo que Unión sí fracasó en la forma de jugar los dos clásicos y ése fue el “quiebre” de la campaña. Es cierto que no los perdió a ninguno de los dos, pero nunca más volvió a mostrar lo que había sido.

Siempre me dio la impresión que Madelón lo tenía bien al grupo en los famosos lugares íntimos —el vestuario, las prácticas, las concentraciones, el día a día— y eso se reflejaba en la cancha. Se notó, en casi toda la campaña, el compromiso mutuo cuerpo técnico-jugadores.

Pero así como los jugadores no sobrevivieron a la crisis de las fechas finales, tampoco Madelón encontró la receta. Ejemplo: la lotería de hacer jugar un partido a Gamba y otro a Soldano no sirvió para nada.

Y después está el famoso aspecto motivacional —tengo certezas que Madelón se especializó en ésto, se preocupó y hasta realizó coaching— para hacer reaccionar a un trabajador que pierde motivación. Acá, también Leo buscó y falló. Porque más allá que en el fondo los jugadores puedan conocer su intención, hay frases que nunca caen bien en un plantel. Y Madelón, que fue jugador, lo sabe.

Cuando el técnico deslizó: “Me cuesta mucho motivar a los jugadores, porque todos están pensando en irse de vacaciones a Cancún o Miami”, en lo personal pensaba que este Unión 2015 tenía fecha anticipada de vencimiento. La realidad indica que, en el 90 por ciento de los casos cuando aparecen estas declaraciones en el fútbol, la historia no termina bien. Y eso le pasó a Unión.

La honestidad brutal de “Memo” Montero cuando dijo en “Café con Fútbol” que “me sorprendieron esas declaraciones de Madelón” es apenas el botón de la muestra.

Hoy, a diferencia del receso anterior cuando se fue Triverio, Unión termina la temporada sin jugadores indispensables e intransferibles, acaso por la imágen deshilachada del final. De todos modos, estoy convencido que dentro de ese “refrescar” del que habla Spahn, algunos jugadores podrían ser transferidos. Por obligación (generar ingresos) o por convicción (idea de ciclo cumplido y para que no pierdan valor). En esta lista, sin dudar, aparecen Ignacio Malcorra y Mauricio Martínez a la cabeza.

Madelón se preguntó qué vara pondrá ahora la dirigencia. Pero también Leo deberá elevar su propia medida. Como cuando “descubrió” a los Malcorra, Triverio, Leo Sánchez o Gamba que no eran conocidos y acertó con sus contrataciones. Ese Madelón es distinto y distante del que apostó en los últimos tiempos por Riaño, los dos Castro, Affranchino y Colitto.

La reconstrucción tiene cimientos firmes, porque como decía el “Bambi” hace algunos años: “La base está”. Sphan usa la palabra “refrescar”, ejemplificando como cuando uno quiere lavarle la cara a una parte de su casa.

Para los dirigentes rojiblancos la piedra basal del Unión 2016 se llama Leonardo Carol Madelón. Está bien, se lo ganó sin que nadie le regale nada y se lo merece. Pero Leo debe entender que la reconstrucción del fútbol tatengue empieza por él. Debe revisar los aciertos y debe repensar los errores. Lo peor que le puede pasar es enojarse.

Porque en el fútbol, como en la vida, la soberbia siempre conduce al peor de los lugares. Fuente: El Litoral

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