"Refrescar" el plantel es el objetivo de Spahn y Madelón

A veces, las matemáticas sirven para sacar conclusiones o confirman tendencias en el análisis. En los primeros 15 partidos (con Triverio en el plantel), Unión hizo 24 goles y le marcaron 22. En los segundos 15 partidos, el equipo convirtió 14 goles (10 menos que en la primera mitad y, naturalmente, en la misma cantidad de partidos) y le marcaron 15, o sea que sufrió siete menos en su propio arco. Si vamos un poco más allá, se podría decir que de los 14 goles convertidos en los 15 partidos de la segunda mitad, 4 de ellos se consiguieron en un solo partido (ante Boca en la Bombonera). La conclusión salta a la vista y señala que Unión apenas pudo marcar 10 goles en 14 partidos y pasó de un promedio de 1,6 goles por partido de los primeros 15 (con Triverio) a 0,7 por partido de esos 14 de la segunda parte del torneo, haciendo abstracción del inolvidable batacazo en la Bombonera. A buen entendedor, pocas palabras: Unión tuvo en los 15 encuentros de la segunda parte, un promedio de gol por debajo de la mitad, prácticamente, de los primeros 15. ¿Fue sólo la ausencia de Triverio?, no exclusivamente, pero coincideremos todos en que se trató del factor clave y más importante de todos los que se podrían mencionar.

Madelón dijo que la campaña no fue un fracaso y Spahn habló de la desilusión del hincha por la eliminación con Aldosivi. El colchón de 41 puntos puede tomarse como uno de los costados positivos, lo cual permite que Unión arranque el próximo torneo con 16 equipos por debajo en la tabla de promedios y con 11 de diferencia con los equipos que continúan tras esta temporada, sin contabilizar a Atlético Tucumán y al que ascienda luego del choque que protagonizarán Santamarina y Patronato. Pero más allá de estos números y de algunas conclusiones que saltan a la vista, como la incidencia que no fue bien advertida ni sustituida de la ausencia de Triverio, lo que fue un tobogán sin final en la caida fue el progresivo declinar futbolístico del equipo. El Unión de la segunda parte no sólo perdió a Triverio, sino que se olvidó de jugar, de presionar y de complicar al rival con ese fútbol de intensidad que supo practicar.

Algunos señalan también la ausencia de Triverio para explicar por qué Unión dejó de someter a los rivales a un ahogo constante. “Triverio movilizaba, metía goles y contagiaba al resto para el esfuerzo”, se escuchó decir muchas veces y con cierta dosis de razón. Pero insisto en un aspecto insoslayable: no puede ser que un solo jugador pueda provocar un decaimiento generalizado de juego y de goles, todo junto y a la vez.

Virtudes y errores

Cuando Madelón armó el plantel para el ascenso, acertó en todo. Le costó cuatro o cinco fechas el armado del equipo —recordar aquél “arranque” en el partido con Crucero del Norte en Santa Fe, cuando llegó con la “soga al cuello”— pero luego encontró todo a su favor y la actuación de Unión en el ascenso resultó brillante.

Enseguida se debió armar el plantel para jugar en Primera y se confió en la respuesta de los jugadores que estaban, más algunos refuerzos que sumaron bastante, como Villar, Matías Sánchez y García Guerreño. Pero se potenciaron Triverio, Martínez, Malcorra, Leo Sánchez y Gamba fue un gran sustituto para Guerra, quien luego de ser el goleador del ascenso fue perdiendo gravitación por las lesiones que casi le han puesto broche a su carrera.

Venía muy bien Leo hasta ese momento, el del receso de la mitad de este año. Buscó tres posibilidades para sustituir los goles que se iban con Triverio (Riaño, Matías Gastón Castro y Facundo Castro), pero ninguno funcionó. Se cayó el rendimiento de jugadores clave como Martínez, Malcorra y Gamba, pero no hubo forma de levantarlos. No se ganó ninguno de los clásicos y se perdió con Aldosivi, un rival accesible en la búsqueda de algo desconocido como la disputa de una copa internacional.

Sin “banco” ni recambio

A Madelón le faltó pensar en un buen banco de suplentes para tener soluciones inmediatas a los problemas individuales. ¿Qué jugador podía cambiar la historia de un partido?, ninguno. Si el equipo necesitaba fútbol, echaba mano a un Rivas alejado de ese jugador que aportaba buen juego a esta altura del año pasado. Tampoco tuvo respuesta para la falta de capacidad de gol, sólo la posibilidad de apelar al juvenil Fleita (o Sandona) para cubrir algún puesto de defensa, o la versatilidad de Zurbriggen para jugar por cualquiera de las dos puntas o de central. Se le lesionó De Iriondo en el increíble partido que se ganó en Rafaela, Affranchino mostró casi nada y Colitto ni siquiera jugó. Pero la realidad es que nunca tuvo en el banco a un jugador (o 2 o 3) que pudieran ayudarlo a generar alternativas de recambio.

El propio entrenador lo reconoció, cuando habló en varias oportunidades del “bajo costo” del plantel en comparación con otros. Con dinero o más presupuesto, hay mayores chances de traer jugadores de mejor jerarquía, pero no es excluyente. La impresión es que el esfuerzo se hizo cuando se armó el torneo de los diez ascensos, pero que después se “jugó” mucho con una realidad: la de apostar a un plantel armado para jugar en Primera. Faltó una pizca mayor de lucidez para encontrar en junio-julio un par de jugadores que pudiesen mantener el nivel de los primeros quince partidos del torneo.

Con el DT a la cabeza

Madelón va a seguir siendo el técnico de Unión (sólo falta que se firme el contrato porque el acuerdo ya prácticamente está sellado desde lo verbal) y se intenta ahora el arreglo con los jugadores cuyo contrato finaliza. Algunos dirigentes creen que se debe “refrescar” el plantel. Sería nocivo un cambio abrupto, Unión ya tiene una experiencia nefasta cuando se desarmó el equipo de los 50 puntos de Kudelka y al año siguiente se fue al descenso. Spahn ha logrado un ordenamiento del club que requiere ahora una indispensable continuidad en Primera y no repetir viejas y fracasadas experiencias que llevaron al club a sufrir un sube y baja permanente.

Pero en ese objetivo de “refrescar” el plantel, ya por ejemplo se piensa en la no renovación de algunos jugadores (Cardozo por ejemplo) y la rescisión de otros (Affranchino por ejemplo). Y a eso habrá que sumarle la firme posibilidad de que algún jugador emigre (el presidente habló de dos ofertas pero por ahora nada en firme). Este final deslucido que ensombreció un año positivo, crea dudas pero deja enseñanzas. Se llegaron a algunas conclusiones válidas para el análisis final: 1) el plantel terminó siendo corto; 2) no tuvo delanteros eficaces desde la salida de Triverio; 3) los pibes del club terminaron mostrando más que algunos refuerzos (el ejemplo de Soldano en detrimento de los dos Castro y hasta del mismo Riaño); 4) le faltaron alternativas en algunos puestos o funciones, como la ausencia de un enganche o de un jugador desequilibrante con la pelota para cambiar la historia de un partido o para proporcionarle alguna variante desde lo táctico.

Con algunos alejamientos que se están produciendo en el fútbol argentino, como el ya concretado de Edgardo Bauza, o el anunciado del mellizo Barros Schelotto en Lanús, son pocos los clubes que apuestan a un proyecto a tres años y medio (es lo que cumplirá Madelón en Unión si llega al final del contrato que se ampliará hasta junio de 2017). Los casos de Belgrano y Gimnasia son los “testigo” que ratifican aquello de que los procesos a largo plazo dan resultado, aunque resulte tan complicado de materializar en este complicado e histérico fútbol argentino. Hay convencimiento en Unión de apostar a esa continuidad, cosa que, más allá del éxito que tuvieron en sus clubes, no ocurrió con Cocca y con Bauza en Racing y San Lorenzo, respectivamente. Madelón es un técnico que ha mostrado capacidad, trabajo y seriedad. Tuvo logros importantes y lo peor fue este último declinar del equipo al cuál no le encontró la vuelta, pero seguramente le habrá aportado conclusiones. A él y a los dirigentes, para pensar en un crecimiento que se pueda sostener y en plantearse objetivos que se cumplan, como la mayoría de los que se lograron en esta temporada. Fuente: El Litoral

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