Fue un buen equipo; le faltó ser buen plantel

Mucho se ha dicho en el análisis global de la campaña de Unión. Se jugó mejor en la primera parte que en la segunda; el equipo tuvo más gol cuando estaba Triverio y perdió eficacia cuando se fue; a medida que disminuía la capacidad de gol en el arco de enfrente aumentaba la resistencia en el propio; el declive al que Madelón no le pudo encontrar solución en la parte final, son algunas de esas conclusiones que se han expresado hasta el hartazgo y que ninguna de ellas, en forma particular, han sido determinantes (la ida de Triverio y la falta de reemplazo, quizás, sea la más importante de todas), pero todas en general confluyeron para que el equipo vaya perdiendo solidez, intensidad y eficiencia para sumar más puntos y conseguir el objetivo final de entrar en la Copa.

Todo esto ya se ha dicho en forma reiterada, pero quizás haya un elemento más a sumar. Es el de la falta de respuesta que Madelón tuvo en el banco para cambiar la historia de los partidos. Para ser más ejemplificativo y apelando a la memoria de los unionistas, Leo nunca tuvo en el banco de suplentes a un jugador como en la década del 90, en aquellos equipos de Trullet, era Martín Perezlindo, quien a veces era más importante y desequilibrante cuando ingresaba en los segundos tiempos para aprovechar el cansancio del rival y la mayor cantidad de espacios para capitalizar su velocidad.

Hubo alguna mínima respuesta cuando fue necesario un acompañamiento más importante para Martínez en el mediocampo. Allí apareció Matías Sánchez para corregir un defecto que Madelón observó de inmediato en la primera parte del torneo; o el mismo de Iriondo en algunos partidos en los que cumplió. ¿Qué más?, el buen rendimiento de la dupla Fleita-Sandona en el partido con Olimpo, cuando Unión arrastraba una serie de tres derrotas consecutivas y después venía el clásico. Apenas algunos destellos que no resultaron lo suficientemente significativos.

¿Quién pudo ayudar, con su presencia en el equipo desde el banco de suplentes, a modificar un partido que no resultaba favorable en el trámite o el resultado?, nadie. Madelón lo intentó a veces con Juan Rivas, un volante de buen manejo, casi con características de enganche, al que hizo jugar de doble cinco con cierto suceso en el torneo de ascenso que se ganó brillantemente, pero que no pudo repetir en el de Primera. Cuando Madelón necesitó alguien que aporte claridad en el manejo de la pelota, apostó en ponerlo a Rivas, pero no funcionó.

Se agrava la situación si se habla de algunos puestos en los que, sus titulares, iban disminuyendo el rendimiento pero no surgía un reemplazante adecuado. Se dio con los delanteros, porque Riaño y Gamba no tuvieron eficacia ni continuidad de buenas actuaciones, pero apenas se rescatan algunos goles de Soldano (sobre todo esa actuación con Argentinos Juniors) y punto y aparte. Ni Matías Gastón Castro, ni Facundo Castro y mucho menos Bolzicco, de muy poco rodaje, mostraron algo. para colmo, se fue perdiendo claridad en la generación de juego y también en esa intensidad para presionar en el campo contrario y generarle problemas al rival, que Unión se fue transformando en un equipo previsible, algo que no aconteció durante el primer segmento del campeonato.

Así fue también que Madelón utilizó la versatilidad de algunos, como Zurbriggen, para ir tapando agujeros. Santiago jugó en los cuatro lugares de la defensa y como respondió aceptablemente, fue el comodín que se adaptó a las circunstancias. Al fin y al cabo, en defensa supo encontrar algunas variantes, pero no las tuvo del medio hacia adelante, al menos en esta segunda parte del año.

Para no ir tan lejos en el recuerdo, basta con echar el vistazo atrás de lo que pasaba hace un año: Unión era el primer ascendido a Primera con dos delanteros de muy buen nivel (Guerra y Triverio) más otro que entraba y metía goles o producía buenas actuaciones (Gamba). en ese momento, Madelón tenía respuestas en el banco aptas para las necesidades que planteaba cada partido. Este año, eso no se vio.
para no ser injustos y sólo quedarse con la última imagen —que fue la más floja— se puede decir que Madelón pudo armar un buen equipo, pero no tuvo el respaldo de un buen plantel. en esto también hay que trabajar, porque muchas veces se pueden ganar puntos a partir de un buen recambio y de esas respuestas individuales que el técnico tiene en el banco, dispuestas a aprovechar la oportunidad, aunque les toque jugar unos pocos minutos. Fuente: El Litoral

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