Kudelka: "La intolerancia es una bomba atómica para los entrenadores"

—“¿Qué hacés por acá?, no esperaba verte, me sorprendés”.

—Y yo que pensaba que me habían invitado porque vos suponías que podía venir alguien de Santa Fe y recomendaste que estuvieran atentos, los directivos de Talleres, para invitarnos.

La sorpresa fue de Darío Kudelka luego de ver al enviado de El Litoral en una presentación que hizo Talleres en uno de los hoteles más importantes de la ciudad, tras acordar con una entidad crediticia. Y fue grato volver a encontrarlo en compañía de Raúl Armando y el profesor Mauro Cerutti. Los tres, junto a Gustavo Nepote, formaron parte de aquél cuerpo técnico que vivió dos años muy exitosos en Unión, hasta que se desarmó el plantel y no hubo una adecuada reformulación del mismo. Hoy, Kudelka está en Talleres, un club que se maneja al estilo mexicano, como una empresa. Deportivamente le fue bárbaro. Llegó hace menos de un año y medio, lo llevó del Federal A hasta la B Nacional y ahora está puntero y luchando por llegar a la máxima categoría.

—¿Nivel “A” Darío?

—¡Vos lo viste!... Estamos en una organización que a uno lo hace sentir muy cómodo. Se maneja el club como una empresa y me siento bien.

—¿Es diferente a lo que se hace en la Argentina?

—Sí, pero para ellos no es nuevo. En México hace 20 años que lo hacen y lo mismo han trasladado a la Argentina. El experimento lo hicieron allá y les fue muy bien.

—¿Lo ve viable y adaptable a nuestro país?

—Si se lo entorpece con individualidades y egoísmos, algo común en nuestra sociedad, no. Es muy claro lo que se proyecta en todos los aspectos, no sólo el económico. La estructura deportiva está a la vista y es exitosa. Hay propósitos establecidos que luego se transforman en beneficios colectivos y no particulares. El que gana, el único que gana, es el hincha.

—¿Es la solución para clubes quebrados y deficitarios?

—Sin ninguna duda, pero tiene que estar conducido por gente que sepa, que blanquee las cosas, porque muchas veces se pueden esconder intereses también bajo el aspecto de una sociedad anónima. Hay que dejar de lado los egoísmos, porque son ellos, los egoístas, los que piensan en sus propios intereses, los que no quieren que los clubes se conviertan.

—¿Y llevado a tu trabajo?

—Acá en la Argentina hay un factor emocional muy grande y cuando las cosas no van bien, echan al técnico. A mi no me tocó porque me fue muy bien desde que llegué a Talleres. Es una prueba de fuego para ellos. En otros lados reaccionan con objetividad y mantienen el proyecto por encima de los resultados. Me refiero a México. El presidente de Talleres me involucró a mí en el proyecto más allá de armar y entrenar al equipo, me trata como uno más de ellos y eso me pone bien.

—¿Te sentís mejor tratado que en Unión?

—No. En Unión también me hicieron sentir parte del proyecto de club que los dirigentes tenían, pero cuando tuvieron que utilizar ciertas situaciones no dudaron. Pero yo soy un agradecido de Unión, no quiero borrar esa imagen que tengo... Yo viví una pelea muy feroz en la política, y parecía que uno tenía que estar de un lado o del otro. Y no entendían que Unión va más allá de los dirigentes y de Kudelka.

—Hablás de aquél enfrentamiento que había entre Spahn y Molina, nada menos que el presidente y el vice en ese entonces...

—Sé que ahora la situación es diferente y quizás, en ese momento, hubo que sembrar para que ahora las cosas sean distintas. No sé si voy a estar en Unión otra vez, pero soy un agradecido de todo lo que el club me dio.

—A la distancia, ¿cómo viviste aquello de trabajar en un club que no tenía una dirigencia totalmente unida?

—Hice un buen aprendizaje, porque mal no nos fue... No era lo ideal, lo tuve que aceptar, tratamos de unir partes en lo que podía, pero yo era un empleado del club y no estaba metido en la política. Mucho tampoco podía hacer.

—¿Hablaste con Spahn en este último tiempo?

—En la pretemporada hicimos un partido en Casasol y me encantó cómo tienen ese predio, como lo han mejorado. Está muy lindo. Ahí hablamos un par de minutos, nada más que eso.

—Viendo cómo trabajan los dirigentes en Talleres, con otro estilo de conducción. ¿Pensás que Unión podría hacer lo mismo?

—Conozco a la gente pero no sé cómo están trabajando ahora. Entiendo que si se mejoraría, se podría aspirar a pelear campeonatos y no a jugar para ascender y mantener la categoría. Hay que planificar algo superador. Después, las formas de conducción atañen a ellos. Yo puedo contar cómo se trabaja acá y la verdad es que me gusta mucho. Pero lo que sí puedo opinar es respecto de los objetivos, porque estuve en el club y lo viví por dentro.

—Deduzco que fue un tema que lo charlaste con los dirigentes en su momento...

—Se los dije y me comprometí. Me hago cargo en lo que a mí me toca respecto de la falta de continuidad y éxito, si se quiere, en ese proyecto de pretender un Unión que no piense sólo en mantenerse en Primera. Lo volvería a hacer y no me arrepiento de haberme quedado a iniciar un tercer año como técnico.

—¿De qué te hacés cargo?

—De no haber armado bien el plantel.

—A propósito de la continuidad de los técnicos, cuando se armó el torneo de 30 equipos se dijo: “Ahora no se van a echar entrenadores tan seguido”. Y nada de esto pasa...

—El fútbol argentino necesita abiertamente una reorganización en todo aspecto y con objetivos claros. Vivimos criticando a los árbitros, los de adentro y los de afuera, pero no entendemos que hay buenos y malos como los tenés vos en tu profesión, yo en la mía y hasta hay buenos y malos jugadores. Se les pide profesionalismo, a los árbitros, pero no se actúa profesionalmente con ellos para que vivan sólo de esto y tengan mejores niveles de entrenamiento y capacitación. Y así podemos seguir con los cuerpos técnicos, con las divisiones inferiores... ¡Y con la infraestructura!... ¡Por ahí vas a cada cancha...! Mirá, se luchó mucho en Córdoba por traer a la selección, pero en medio de esta lucha se priorizaron un par de recitales que la desmejoraron casi por completo. No se puede jugar bien al fútbol así. Ví el otro día la cancha de Vélez, otra que está muy mal.

—Y volviendo al tema de ustedes, los técnicos. ¿Por dónde ves la solución?

—Es que convivimos con una sociedad altamente conflictiva, altamente intolerante. Y eso llevado al fútbol es una bomba atómica. Entonces, los técnicos empezamos a tener miedo y jugamos a protegernos.

—¿Planifican con el miedo a perder?

—Totalmente... Hubo un torneo, el año pasado,en el que no hubo descensos y se jugó a otra cosa. Sava, Almirón, Coudet, son técnicos que van al frente. Pero cuidado, que Almirón no pudo hacer lo mismo en Independiente y Coudet lo hace porque tiene un aval inconmensurable en el club que dirige.

—¿Unión es pasado para vos, o puede ser futuro?

—... Unión, para mí, es presente desde que lo conocí hasta el día que no esté más en esta vida. Y es un presente tan lindo, tan grato, que aunque no vuelva a trabajar en ese club, siempre estará metido adentro de mi corazón. Fuente: El Litoral

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