¿Por qué ganó Unión el clásico?

* 1) El planteo de Madelón. Lo pensó y lo ejecutó sin fisuras. Fue parecido al que materializó en la Bombonera, con dos extremos que tuvieron el aire suficiente para retroceder por sus costados, tapando la subida de los marcadores de punta. Desde lo estratégico, la idea en todo momento fue la de tapar a los volantes y a los delanteros de Colón. Brítez con Silva, Bruno Pittón con Sperdutti, los dos centrales atentos para salir a la marca de Alan Ruiz si, por algún motivo, el volante-delantero sabalero lograba superar la línea de Martínez y Acevedo. Unión lo maniató a Colón. Y con el resultado en ventaja, se preparó para liquidarlo de contragolpe. Estos dos últimos conceptos fueron la base estratégica de la victoria. Además, dejó afuera a un referente como Villar, que venía de hacer un partido aceptable en la Bombonera, y le salió bien. Pensó y planificó el partido con sabiduría, se nota que le inculcó mucho a sus jugadores desde lo anímico, pero apostó a lo más importante: le dio un marco táctico y estratégico que no sabía de fisuras ni de dudas. Los jugadores lo asimilaron e interpretaron a la perfección. Cuando adentro de la cancha se dieron cuenta que todo lo dicho y planificado se cumplía, ganaron en confianza y seguridad.

* 2) Más como “equipo”. Si bien hubo individualidades que respondieron en gran forma, Unión dio una imagen como equipo que superó con amplitud a la del rival. Se pueden encontrar rendimientos superlativos, como los de Martínez, Acevedo (jugó el mejor partido desde su llegada a Unión), García Guerreño (no falló nunca) o Malcorra (participó en los tres goles). Pero todos acompañaron, todos rindieron y hubo una claridad desde lo colectivo que marcó también claras diferencias sobre el rival. Colón volvió a aquellos viejos defectos defensivos que lo han transformado en el equipo más goleado de los 30 que disputan el torneo de Primera División, detrás de Argentinos Juniors. Unión lo llevó a cometer errores y no hubo una respuesta colectiva adecuada para suplir el bajo nivel de algunas individualidades, como la de Alan Ruiz.

* 3) La marca sobre Alan Ruiz. Escalonada y a presión, con mucha eficacia y concentración. Era, a priori, el jugador que podía complicar las cosas. Unión sabía que no debía darle margen para el remate al arco desde afuera del área. El “10” sabalero apenas pudo meter dos pases, uno a Silva y el otro a Sperdutti, con ese guante que tiene en su pie zurdo. No fue personal pero sí a presión. Y resultó. No sólo hubo un gran mérito de los dos volantes centrales (Acevedo y Martínez), que eran los primeros en tomarlo cuando retrocedía, sino también de los centrales.

Tanto García Guerreño como Zurbriggen supieron molestarlo y no perdieron nunca en el mano a mano, aún atendiendo a un detalle: por contextura física, Alan Ruiz es un jugador que puede sacarse de encima a un rival sólo colocando bien su cuerpo, porque es grandote y tiene fortaleza.

* 4) La eficacia ofensiva. No necesitó atacar mucho Unión, pero lo hizo muy bien. Antes del gol de Brítez (los jugadores de Unión admitieron que es una jugada que se ensaya en la semana, con Martínez arrastrando marcas hacia adelante y aprovechando la excelente pegada de Malcorra), Unión había tenido una buena ocasión utilizando una receta que luego le permitió marcar un gol. Fue el desborde de Bruno Pittón que terminó con centro atrás y el remate de Rolle por arriba. En el segundo tiempo, en una jugada parecida, Malcorra metió el centro atrás y Soldano convirtió.

Más allá de los tres goles, Unión tuvo dos situaciones más que fueron clarísimas. Atacó lo suficiente y tuvo eficacia. En su zona, es el equipo con más goles a favor después de Defensa y Justicia. Es un mérito, porque de a poco se empieza a hablar menos de la ausencia de Triverio (dicho sea de paso, le mandó un saludo y felicitaciones a toda la gente de Unión desde México).

* 5) Muchos jugadores-hinchas a los que no les pesó nada. El pibe Bruno Pittón ya había dado una muestra de personalidad en la Bombonera y el sábado lo repitió. Martínez, Brítez, Zurbriggen y Soldano sabían que enfrente no tenían un rival más. Y ni a Mauro Pittón ni a Fleita, por más que entraron en el segundo tiempo, tampoco los achicó el ambiente ni la importancia del partido.

Se potenciaron. Muchos de ellos parecían experimentados enfrente de jugadores con mayor cantidad de encuentros y con otro tipo de roce. Verlo a Bruno Pittón encarando a Clemente Rodríguez o esperándolo en alguna de las subidas del lateral sabalero, era la imagen clara de que no había diferencias producto de la experiencia, sino que las diferencias eran de ímpetu, de claridad conceptual y de una motivación que, evidentemente, Unión la tuvo y la mostraron todos sus jugadores, sin ninguna excepción.

* 6) La recuperación de una firmeza defensiva que trastabillaba. Madelón venía metiendo mano en ese sector. Primero lo sacó a Fleita, luego a García Guerreño en un partido, probó con Faccioli y lo puso a Zurbriggen en la zaga. Para este partido, estuvo seguro de la vuelta de Brítez y otra vez lo pasó a Zurbriggen al medio aún teniendo en cuenta que había sido más que aceptable lo de Fleita en la Bombonera. Asumió riesgos en esta decisión y también en la salida de Villar. El aspecto defensivo de Unión no tuvo fisuras durante los 90 minutos. Ni siquiera cuando, a contramano de lo que “marcan los libros”, reemplazó a Bruno Pittón (lesionado) por Fleita, sacando a Zurbriggen del lugar en el que estaba jugando bien, para correrlo a la zaga. La solidez defensiva no se alteró. Zurbriggen siguió jugando bien de “3” y Fleita se acopló enseguida al muy buen trabajo de García Guerreño en todo el partido. Fuente: El Litoral

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