Un árbol cargado de fútbol

Bien vale el dicho que el fútbol es una pasión y se lo lleva en la sangre. Este es el claro ejemplo de la familia Algozino. Lucas, una de las figuras de Unión, que viene creciendo en Primera, tiene un gran respaldo familiar: cuatro generaciones de futbolistas que vistieron la rojiblanca.

Todo comenzó en la década del 40, donde Oscar Rubén Algozino, (fallecido hace 15 años), hermano de Ángel y abuelo de Lucas, jugaba en la Federación para el equipo Nueva Roma como volante por derecha. Los dirigentes de Unión lo vieron y compraron su pase.

Luego, en la década del 60, apareció Héctor Raúl Pocho Algozino (68 años). Se llama igual que su padre, que jugó en Gimnasia de Ciudadela. También nació futbolísticamente en el Pistolero, su puesto era el de lateral izquierdo y estuvo en Unión cuando, entre el 1967 a 1969, jugó en aquel equipo que ascendió con Victorio Nicolás Cocco y el Negro Sauco, entre otros.

Después apareció Osvaldo Hugo Pelusa Algozino (55 años), hijo de Ángel Hugo y padre de Lucas. Su carrera comenzó en Newell's de barrio Roma, debutando en Primera con tan solo 16 años. Su padre fue dirigente en los años 70, pero Unión se fijó en este delantero con gol y se lo llevó en 1981.
Ángel Hugo Algozino (83 años), abuelo de Lucas, no llegó a jugar al fútbol, pero su vida estuvo marcada por Unión, más allá que su club de barrio fue Newell's, donde fue vicepresidente en 1948 para luego ser técnico de la Primera en 1968. Después su pasión por Unión lo llevó a ser por cinco años el presidente de la famosa Federación de Agrupaciones Unionistas y, de ahí en más, integró la comisión directiva, encabezada en su momento por el presidente Ángel Malvicino.

Por último, está la cuarta generación en la que Lucas Javier Algozino (21 años) ya transitó por Unión en 14 partidos, debutando con Leonardo Madelón como DT el 7 de noviembre de 2015, en la última fecha de aquel torneo ante Estudiantes, como visitante, que terminó en derrota por 2-0. Ingresó a los 13' de la segunda parte reemplazando a Facundo Affranchino.

Pero su vida futbolística comenzó en la escuelita de Banco Provincial. Unión se lo llevó a los 12 años y, de ahí en más, su carrera comenzó a crecer. Ovación los juntó y el árbol genealógico habló de la pasión por el fútbol.

—¿Que diferencias ves del fútbol de tu época al de ahora donde está jugando tu nieto Lucas?

—Ángel Hugo Algozino: Hay mucha diferencia. Creo que el fútbol de antes era mejor que el de ahora. Antes había más habilidosos y se podía jugar; hoy no te dejan. Hay pocos jugadores que manejan bien la pelota. Es difícil que los profesionales de hoy sepan cabecear. Los jugadores de antes manejaban bien las dos piernas y veíamos golazos. Hay mucha diferencia. Antes no había la velocidad que se imprime en este fútbol, pero se hacían muchos goles. Antes al que no sabía jugar lo limpiaban; si vos jugabas regular nada más o te expulsaban, detrás tuyo había 10 mejores que vos y, encima, no jugabas más.

—¿Qué ves en Lucas?

—ÁA: Es muy hábil, pero tiene que soltarse un poquito más y llegar más al arco. Sabe jugar al fútbol y tiene que aprovechar esa habilidad, porque nació con mucho talento. De chiquitito ya jugaba bien. En los últimos partidos lo vi más suelto; será la confianza que va agarrando a medida que va teniendo continuidad. Tiene un potencial tremendo y su velocidad la tienen muy pocos jugadores.
—Vos que pisaste los campos de juego en la década del 60, ¿ves algún punto de equilibrio entre ese fútbol de antes y el de ahora?

—Héctor Pocho Algozino: Cambió todo. La preparación física, la alimentación, la pelota, el piso y hasta los entrenamientos son diferentes. Es otra cosa. Antes nos quedábamos tirando centros y a mí me pedían que se la ponga en la cabeza. Hoy, tiran el centro adelante y el nueve la tiene que ir a buscar, esa es la diferencia. Ahora es mucho más rápido, son más atletas, hay pocos habilidosos y lo demuestran. Son los que se destacan.

—Sos de la generación intermedia, de los años 80 ¿qué tan cerca ves ese fútbol de éste?

—Osvaldo Pelusa Algozino: En esa época se le empezó a dar más importancia a la parte física, sin descuidar la técnica. Muchos técnicos no la trabajan, porque dicen que es una pérdida de tiempo, que el jugador ya la tiene que tener. Es cierto, pero también hay que trabajarla. Vos no podés concebir que un jugador que desborde, tire el centro atrás del arco, o que cabeceen con los ojos cerrados. Eso lleva a la vorágine que tiene el fútbol de hoy, dentro y fuera de la cancha por los resultados y por un montón de factores externos que exigen a este fútbol.

—Mucho no pudiste ver el fútbol de ayer, más allá de algún video o por lo que te contaron tus familiares, pero ¿cómo estás palpitando el fútbol de hoy?

—Lucas Algozino: Creo que es un poco como ellos decían. Ahora es más rápido, tenés menos tiempo para realizar las acciones y antes ellos se podían tomar un segundo más. Creo que ahora con toda la preparación física, tenemos que actuar mucho más rápido. Por ahí robás una pelota y ya sabés si tirás centro, una pared o trasladás. En esos segundos ya te sale el defensor y hay que actuar lo más rápido posible, sino terminás perjudicándote.

—El apellido Algozino se sigue prolongando a través de las generaciones y siempre con la camiseta de Unión. ¿Se imaginaban esto en sus épocas?

—ÁA: Sí. Yo veía que mi hijo Pelusa tenía muchas condiciones. Estuvo 19 días en la Ciudad Deportiva de Boca. No quiso quedarse porque extrañaba. Me habló Manfredi por teléfono, que lo vaya a buscar. Le pregunté que le pasaba y me dijo que extrañaba, que acá iba a estudiar, pero no estudió nunca y a la semana lo compró Unión. Pero tenía muchas condiciones, no sé que le pasó que nunca lo pusieron en Primera. En cambio mi nieto Lucas es muy parecido al tipo de juego de su padre por la rapidez, porque Pelusa era nueve y Lucas juega de ocho, pero es muy hábil y muy pícaro. Me gusta su juego, porque nunca se achica. Padre e hijo son parecidos en la forma de correr, de jugar, pero Lucas es más habilidoso. Parece que esto se va mejorando generación tras generación. Lucas, aparte de ser buen jugador, es muy buena persona, es educado y vive para el fútbol. Tiene una buena formación.

—HA: Creo que todos en sus distintas épocas se destacaron. También todos esos tíos que jugaron en otros clubes y no pudieron llegar a Unión, también fueron buenos jugadores. Creo que, por ahora, ésta es la última generación. Esperemos que sean varias más las y que sigan amando el fútbol como nosotros. En este caso, estamos en presencia de Lucas, que creo que ya nos está dando satisfacciones, porque no es fácil llegar. Uno cree que solo entrenándose se llega y no es así, hay que juntar una serie de requisitos; hay que saber jugar, tener perseverancia y dejar de lado un montón de cosas. Pienso que el reúne todo eso y esperemos ir a la cancha a verlo por un largo tiempo.

Mi hermano más chico, Julio, también jugaba bien. Jugaba en Gimnasia de Ciudadela. Eran todos Pistoleros, desde mi abuelo Ignacio, para abajo, todos fanáticos. Tienen características diferentes: uno es más bicho que el otro, por la época, porque era lógico. Son muchos años de diferencia y, como esto va cambiando permanentemente, son todos diferentes.

—OA: Dicen que yo era rápido como mi hijo Lucas, pero él es mucho más veloz que yo, más hábil y maneja muy bien las dos piernas, cosa que yo, por ahí, no podía, solo tenía la otra para caminar (risas). Es inteligente en su juego y resuelve sobre la marcha, que en el fútbol de ahora es muy ventajoso.

—¿Cómo te fuiste formando y que fuiste mamando del los Algozino?

—LA: De mi abuelo me llegaron los consejos que le tenía que pegar con chanfle. Me acuerdo una anécdota; una vez estábamos jugando en la vereda y me dijo: "Siempre le tenés que pegar con chanfle" y me enseñaba. Eso me ayudó y lo perfeccioné. De mi viejo recibí consejos y también de Pocho, cosas que uno va adquiriendo, y perfeccioné esas cosas que me ayudaron a llegar a Primera.
—¿Es una virtud hoy resolver sobre la marcha?

—LA: Sí. Por ejemplo ante Racing tuve la oportunidad de convertir, pero Orión me tapó el gol. La pelota me llegó rápido, me sorprendió, pero no terminó como yo quería y le pegué medio mordido. Creo que todo se puede perfeccionar y los entrenamientos se van basando más en eso, en resolver siempre de primera y de tener la pelota el menor tiempo posible para resolver sobre la marcha. Eso es lo que se busca siempre.

—¿Son de ver fútbol?

—ÁA: Vivo mirando fútbol. Primero si hay fútbol nuestro y sino, veo el europeo. Pero soy un loco del fútbol argentino. En cambio, cuando veo a mi nieto voy a la cancha; tengo platea. Lo veo tranquilo. Yo sinceramente soy hincha de mi nieto, siempre quiero que gane, no que empate, que gane. Que sea ganador, que entre ganador a la cancha. Como era el Pocho. Cuando jugaba éste, entraba y sabés que...

—HA: Siempre hay que entrar ganador a la cancha. Lo que pasa es que jugué al lado de gente que no toleraban perder o con esos de que preferían quedarse atrás y ver qué pasa. Jugué con jugadores que siempre iban para adelante, por ejemplo, Victorio Cocco. Como hacés para decirle que se quede en el medio y no vaya para adelante. Con Figueroa y Sauco siempre apretábamos adelante. El Negro Sauco de reojo me miraba y ya sabía que tenía que apretar y me cubría la espalda. Siempre de esa forma se jugaba tranquilo. Jugábamos a ganar. Que te va a venir a sorprender, sin desmerecer, quiero que se entienda bien, Sarmiento, Tigre y Argentinos. Unión es una institución que tiene mucha historia, que no podés andar mirando a ver qué pasa. Así que me crié de esa forma. Siempre íbamos al frente como locos.

—OA: Siempre uno entraba a la cancha a ganar, después como se da el partido es otra cosa. Siempre tratábamos de hacer lo mejor para uno y para el equipo.

—LA: Siempre entro con esta mentalidad que me dice mi abuelo, a ganar. Soy un ganador. Es permanentemente un incentivo entrar con esa actitud, por eso en cada jugada dejo todo para que sea favorable para el grupo. Hoy cada equipo sale a la cancha a buscar los tres puntos, igual que en el fútbol de antes. Como dice mi viejo, como se dé el partido, ya es otra cosa. Por ejemplo, por mi banda, tenerlo al Ema Britez es una seguridad bárbara y, saber que él me cubre las espaldas, me deja tranquilo. Nos entendemos muy bien y va a ir con todo y eso también es un incentivo para mí a ir más al ataque.

—¿El Unión que veremos hoy tendrá más presión hacia adelante?

—LA: Siempre lo trabajamos con Madelón y Juampi (Pumpido) sigue la línea. Seguiremos por ese camino.

—¿Qué piensan de la linda generación de futbolistas que hay en la familia?

—ÁA: Nosotros siempre al fútbol lo tomamos con mucha alegría. Por ahí veníamos con la mirada baja cuando perdíamos y sufríamos mucho. Siempre fuimos ganadores, entrábamos a ganar y, si nos tocaba perder, mala suerte.

—HA: Se me viene la imagen de mi abuelo Ignacio, que los domingos escuchaba los partidos. Él era dirigente de Gimnasia. Llegaba el lunes y era un lío en esa larga mesa en la que estábamos todos, porque vivíamos hablando y discutiendo de fútbol. Ahora estamos muy orgullosos de Lucas, porque la familia no dejó de crecer en lo futbolístico. Esperemos que las generaciones que vengan jueguen al fútbol.

—OA: Esta es una familia que respira fútbol. Nosotros lo fuimos mamando desde chiquitos. Mi primer juguete fue una pelota, de ahí se la transmití a mi hijo Lucas y esa transmisión de generación a generación se remite a que somos unos locos por este deporte.

—LA: Para mí es un orgullo tener una familia así. Siento que esto es un regalo que les hago, de poder transmitirles todo lo que los quiero, porque eso se los tengo que agradecer en cada cosa que me dieron y que siempre me apoyaron. Eso se los debo a ellos.

—Decí alguna frase que te haya marcado de los tres...

—LA: No me puedo olvidar siempre lo que me dice mi abuelo, que llegue al arco contrario y que le pegue al arco. Siempre voy por eso. En cambio Pocho siempre me dice que, cada oportunidad que tengo para jugar, que la aproveche al máximo. Sus palabras me sirvieron mucho. En cambio Papá me apunta a que siempre le pegue al arco y que no me achique nunca en los partidos. Lo lindo de todas estas frases es que están en mi corazón y ese es mi motor de vida. Eso es lo que me ayuda a estar donde estoy. Fuente: Diario Uno

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