En el estadio “José Amalfitani”, Unión perdió 2 a 1 ante Vélez. Los autores de los goles fueron Mariano Pavone, lo empató Franco Soldano y lo ganó Matías Vargas sobre el final. Pésima actuación de Unión, ¿y van?. El partido fue dominado claramente por el local y Unión jugó a defenderse todo el tiempo y que le quede alguna contra para poder contraatacar. Siguen los problemas en las marcas y sin poder levantar la pelota en un centro a favor. En el segundo tiempo, tras una mano clara de Leonardo Sánchez, Nereo Fernández le tapó un penal a Juan Manuel Martínez. Con esta derrota, Unión queda con 27 puntos (7 victorias, 6 empates y 8 derrotas). Fin del ciclo, sin dudas.

De héroe a leyenda, la historia de Hernán "Indio" Solari

Nacido el 27 de Octubre de 1968 en Ingeniero Chanourdie, un pequeño pueblo ubicado en el norte santafesino, Hernán René Solari era un producto de las inferiores de Unión, más allá de haber comenzado su campaña en el Racing de Reconquista (club que suele tomar parte del Argentino “C”)

Con 16 años se incorporó a las filas del “Tatengue” -del cual era ferviente hincha- y con la camiseta rojiblanca debutó en la primera durante la temporada 1989/90, en la que Unión había retornado al círculo superior luego de un año de ausencia.

Mediocampista de cuerpo liviano y dueño de un carácter afable que lo hacía ser querido por todos sus compañeros, a Solari no se le había hecho sencillo el hecho de adaptarse a vivir en la capital provincial, lejos de esa familia a la que tanto extrañaba.

Para colmo, no lograba continuidad en Unión y los hinchas, lejos de tenerle paciencia pese a ser de la cantera, muchas veces lo hostigaban con reproches y por qué no, algún insulto.

“Cuando no jugaba quería abandonar el fútbol. Le dije que no, que era buen jugador, que siguiera, que lo hiciera por sus padres. Cuando se los nombré a ellos me contestó que tenía razón, que iba a seguir y que no les podía fallar”, tal el recuerdo de Luis Sauco, uno de sus entrenadores en las inferiores albirrojas.

Aunque por fin la suerte se acordó de él en un momento, pues la venta de Darío Cabrol al Racing Club le abrió una puerta para que se afirmara de una buena vez en la primera de la entidad de la Avenida Vicente López. Corría ya el segundo semestre del año ’92, y para aquella temporada 1992/93 Unión había vuelto al Nacional B, siendo dirigido por un ex-jugador de la institución como Hilario Bravi.

Habilidoso y encarador, de a poco Hernán comenzó a mostrar sus condiciones. Por la 9ª fecha de las revanchas de aquella edición del principal torneo del ascenso argentino, a jugarse el sábado 27 de marzo del ’93, Bravi lo confirmó como titular para enfrentar nada menos que a Colón, el gran rival de la ciudad.

Y no era en cualquier circunstancia, eh: el “Sabalero” venía siendo uno de los grandes animadores del campeonato (de hecho, perdería el desempate por el título en Córdoba ante Banfield) y el duelo -televisado en directo a gran parte del país por Canal 9- se iba a jugar en el “Brigadier López”, la casa colonista.

Apenas habían pasado siete minutos del pitazo inicial dado por Francisco Lamolina, cuando el “Indio” tocó el cielo con las manos: decidido, pisó el área del eterno adversario y aprovechando un rebote que le quedó justo, sacudió la red con un remate que venció a José Felipe Perassi, un veterano de mil batallas.

Solari corrió entonces hacia la tribuna visitante, se arrodilló ante los hinchas y lo gritó con ellos, como el hincha que era y levantando los brazos hacia el cielo.

Unión no venía bien en ese certamen y su gente ya se ilusionaba con salvar el año ante la “Raza”, aunque en el complemento el local alcanzaría el 1 a 1 definitivo a través de un tacazo de Maximiliano Cincunegui.

Una vez en el vestuario, y muy emocionado por su gol, Hernán no pronunciaba palabra alguna. “¿Qué pasa pibe? ¿Hizo el gol y está agrandado?”, lo chicaneó Sauco, quien en ese entonces era ayudante de Bravi. “No Profe, no es eso. Mire la copa que me dieron, se la quiero llevar a mis viejos… me voy a ir a mi pueblo”, le contestó el tímido futbolista.

“Para el clásico se había preparado muy bien, le estaban saliendo las cosas. Me había prometido la camiseta y cuando llegó al departamento, me llamó y me tiró la “10” por las escaleras. Yo estaba con Eduardo Magnín, Héctor Varisco, Carlos González y Fernando Brandt. Le pedimos que se quede con nosotros, para salir todos juntos, pero él se quería ir a ver a los padres. Con sus amigos compraron unas gaseosas y unas empanadas y se fueron”, así recordaba hace un tiempo su amigo Raúl Neffen la última vez que vio con vida a Hernán.

Un Hernán que, en un Peugeot 504 color naranja, partió hacia su querido Ingeniero Chanourdie en las primeras horas del domingo 28 de Marzo. Junto a él iban su compañero Héctor Álvarez, oriundo de Reconquista (ciudad en la que se bajó el lateral), Abel Ibarra y Rolando Fernández, conductor del vehículo.

Aquella noche, la niebla en la ruta 11 que conecta a Santa Fe con Chaco y Formosa terminó jugando un papel clave en la tragedia: tres camiones chocaron entre sí a cuatro kilómetros de la localidad de Avellaneda y se cruzaron en el camino por el cual Solari y sus amigos pasarían minutos después. Fernández no llegó a reaccionar y el impacto contra los otros rodados fue terrible, a punto tal que los tres ocupantes del rodado menor murieron en el acto.

Nadie lo podía creer, nadie quería creerlo. El “Indio”, que había vivido su mejor momento en su corta carrera futbolística apenas unas horas antes, estaba muerto.

Sus restos fueron sepultados en la mañana del lunes 29; la caravana partió desde el centro de Reconquista, con una cola de autos en la ruta que superó los tres kilómetros y se hizo aún más grande a medida que se acercaba a su pequeño pueblo. Una vez allí, su féretro fue tapado con los colores rojiblancos.

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