Eduardo Magnin paró el siguiente equipo para recibir a Patronato. Nereo Fernández; Emanuel Britez, Rodrigo Erramuspe, Santiago Magallán y Nahuel Zárate; Nelson Acevedo, Manuel De Iriondo y Martín Rivero; Lucas Gamba, Franco Soldano y Mauro Cejas.

La "jerarquía" que falta son los puntos que no se ganan

Unión debería encontrar más regularidad en el juego. Este año ha pasado de jugar bien (River y Talleres) a jugar mal (Colón) o a tener producciones opacas como la del domingo en San Juan. Se sabe y admite que es difícil encontrar regularidad en el fútbol, pero también es bueno ponerse como parámetro ese objetivo, el de no estar sometido a vaivenes y llegar a un nivel parejo y contínuo.

Todos, seguramente, coincidirán en que si Unión hacía un poquito más, se traía los tres puntos de San Juan. Y ni hablar si esa producción se acercaba a la que tuvo con Talleres, donde la creación de situaciones y la concreción de las mismas, fue una virtud tremenda para quedarse con un partido que se le había presentado muy complicado desde el arranque y con adversidades que no debió sufrir ante el limitado San Martín.

A ese salto de calidad no se anima Unión. O no puede. Un salto de calidad que debieran darle la jerarquía de sus individualidades cuando el equipo no encuentra, en forma colectiva, los caminos indicados para llegar al gol. No hace mucho tiempo, Malcorra y Triverio solucionaban cosas adentro de la cancha. Estos ya no están. Y las figuras no siempre son los de arriba. Como pasó el domingo, cuando para rescatar valores individuales hay que pensar en Nereo, en Brítez o en Leo Sánchez.

Por eso, a Unión le cuesta cuando un rival se mete atrás o le plantea un partido cerrado. Parece que la “aguja colectiva” del equipo se mueve a partir de que el partido se haga abierto. Los mejores momentos se vieron contra River y Talleres. ¿Cómo fueron esos partidos?, ¿cómo se lo planteó Colón?, ¿qué pasó anteayer en San Juan?. Entonces, hay que ver de qué manera se puede sortear el escollo de enfrentar a un rival cerrado, cuando no hay individualidades que desequilibren por sí mismas y la génesis o el ADN de este equipo es mantener una estructura también cerrada (4-4-2).

“No ví necesario ni pensé en un cambio de esquema”, contestó Pumpido luego del partido. La pregunta apuntaba a la posibilidad de arriesgar con más gente en ataque para buscar la victoria. Dos cosas ante todo: 1) no hay dudas respecto de la intención de Unión de salir a ganar el partido (a veces se quiere pero no se puede); 2) no hay dudas respecto de la vocación de este equipo, plenamente demostrada en el plano ofensivo en el partido con Talleres. Pero le faltó el domingo. Aislados los delanteros, sin juego en el medio y con muchos pelotazos en el primer tiempo. Más adelantado en el segundo pero sin claridad y fallando en lo poquito que pudo crear, en el segundo.

Unión es un equipo duro, sacrificado y difícil para cualquiera. No se le achica a nadie y lo demostró. Esto es lo virtuoso. Falta jerarquía. Faltan una o dos individualidades que puedan marcar diferencias. Lo colectivo está. Hay un estilo de juego definido. El problema es cómo sortear los escollos cuando hay rivales cerrados y ese funcionamiento colectivo no logra imponerse.

No creo que haya una sobreexigencia o un pedido desmedido para un plantel que a veces demuestra que puede. ¿O acaso River y Talleres, dos de los equipos más ofensivos de este torneo, no son una buena medida para pensar que se puede?. Y podemos sumar Racing o Sarmiento, en el final del año pasado. O inclusive el mismo partido con San Lorenzo, donde a pesar de haber sido superado por el rival, Unión tuvo pasajes en los cuáles se animó y le creó algunos trastornos impensados al rival.

Unión fue construyendo desde hace un tiempo un proceso futbolístico. De Madelón pasó a Pumpido. Las derrotas con Colón y Banfield no alteraron ese proceso. Se proyecta a los jugadores de abajo. Hay calma, paciencia y normalidad. Al menos, eso es lo que se observa desde afuera. Falta un salto de calidad. Alguna vez se tendrá que dar. Las formas hay que elegirlas desde adentro. Pertenecen a quienes conocen y administran el club, que son los que saben hasta dónde se puede estirar la soga.

Se ha formado una base buena de jugadores, un plantel confiable en muchos aspectos. La jerarquía cuesta, pero es la que hace ganar partidos. A eso se debería apuntar, para apuntalar el proceso y conseguir esos logros que pueden ayudar a que sea más terrenal el salto de calidad. Fuente: El Litoral

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