Carta a Emanuel Britez

Hay odio contra Emanuel. No está permitido jugar cada partido como si fuera el último, o cometer errores como si fuera el debut.

Hay odio por su sentido de pertenencia, por su prepotencia de trabajo, por trabar con el alma, por salir y entrar de los límites con tal de lograr que su Unión gane.

Hay odio por lo que hace dentro de la cancha, y lo odian porque salió de los humildes, por no callarse, por responder con autoridad y sin vacilaciones.

Lo odian porque se gana la vida con sudor, a fuerza de entrega por los colores que ama. Y lo odian porque hay odio clasista: son los mismos que lo apuntan por lo que hace en una cancha, en un juego, y se llaman a silencio cuando se abandona a una persona agonizante después de atropellarla.

Lo odian los mismos disfuncionales que aplauden a un padre que no paga cuota alimentaria. Son los mismos que aplauden el éxito deportivo, el Dios supremo, por sobre cualquier otra responsabilidad elemental; como sostener a la familia, criar a los hijos, no golpear a las mujeres.

Lo odian a Emanuel porque hace con su vida lo que quiere, porque se enoja y lo deja en evidencia, porque su eje de vida pasa por Unión, su familia y sus amigos.

Britez no debe crecer, no puede progresar. A tipos como él se le desea lo peor. Algún trabajo indigno y mal remunerado está bien para un tipo de un barrio humilde, de padres trabajadores y de amigos de esquina (e incondicionales).

Emanuel es un tipo raro. Su amor lo nubla. A veces practica con los pibes de inferiores, muchas otras baja línea sobre lo que es trabajar de lo que se ama y a quien se ama. No está permitido otra cosa que no sea Unión; así funciona él.

Lo odian aunque lo persigan en auto mientras lo apuntan con un arma de aire comprimido, y si se defiende tiene la culpa.

Lo odian aunque lo vayan a atacar a su casa, entre varios, eso sí. Se lo merece porque en la cancha y afuera de ella defiende a quien ama. No hay solidaridad, se lo merece y se lo dicen: "Este barrio no es para vos".

No importa atropellar y huir, no importa darle la espalda a los hijos. Acá lo importante es que Britez se saca jugando a la pelota, es poco profesional aunque se mate entrenando.

Hay que odiar a Britez y así lo multiplican muchos exitosos que en los medios de comunicación instalan agenda, venden silencios espurios, le cobran a los muertos, traicionan a sus socios y se asocian con delincuentes.

No importa negrear trabajadores y mucho menos que un montón​ de tipos que no llegan a fin de mes te llamen fracasado, Emanuel.

Usted Britez juegue como sabe, dé todo lo que tiene y más por los colores que ama. Usted es pueblo y barrio, es el fiel reflejo de lo que soñaron 14 amigos que fundaron nuestra institución, es el pibe que junta peso por peso para ir a la cancha.

Mientras tanto, y espero se le grabe en el corazón, muchos pibes tienen de ídolo a un lateral por derecha que lleva la roja y blanca impresa en el cuerpo y también en el corazón.

Abrazo

Victor Davila

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