En el estadio “Alberto J. Armando”, Unión perdió 2 a 1 ante Boca Jrs. El autor de los goles fue Darío Benedetto para el local y descontó Brian Blasi para Unión. Se cerró un semestre PARA EL OLVIDO. Poco hay para rescatar del partido, tampoco mucho para marcar ya que es un equipo totalmente alternativo con juveniles y un técnico interino. En el primer tiempo, Mauro Vigliano no cobró una clara mano de Wilmar Barrios en el área de Boca Jrs. y aún hay grandes dudas sobre el primer gol de Boca ya que la televisión nunca mostró la posición del delantero. Solo quiero que todos se acuerden de esto, de lo que vivimos y pasamos estos 6 meses. De que empezamos la segunda parte del torneo en la sexta posición, peleando entrar a las copas y terminamos (hasta el momento) vigésimos segundos. Con esta derrota, Unión se queda con tan solo 32 puntos de 90 (8 victorias, 8 empates y 14 derrotas). Necesitamos cambiar la cabeza, tanto dirigentes como hinchas. EXIGIR y EXIGIR, no conformarnos con poco. A Unión lo hacemos grande nosotros, si nosotros no nos movemos, no lo va hacer nadie. Necesitamos una limpieza COMPLETA en el plantel. BASTA de jugadores que no se comprometen ni con el club ni con la historia. A los jugadores, les damos de comer NOSOTROS. Entonces EXIJAMOS que hagan bien su trabajo. ¡¡TODOS JUNTOS VAMOS A SALIR DE ESTO!!

El hombre de la azotea

“A este equipo lo van a tener que ‘matar’ veinte veces para hacerlo caer”, escribí varias veces. Y esa era la sensación. Fortaleza física, orden y planificación estratégica más un temple y espíritu que lo hacían creer que no era menos que ninguno. Por eso le jugó de igual a igual a River en el Monumental. Por eso se aprovechó de los jirones del Racing de Zielinski. Y por eso, con Madelón, le hacía frente a cualquiera.

¿Perdió jerarquía este equipo?, sí. Ya se habló del tema y no vale la pena insistir sobre aquella leche derramada. Pero aún en la pérdida de categoría individual, este equipo supo disimularlo con la cabeza. No se creía menos aún teniendo menos. Y eso lo enaltecía. Ahora lo perdió. Unión ya no es el mismo equipo al que había que “matar veinte veces...”. Unión ya no tiene la solidez de buenos cimientos. Ahora parece un castillo de naipes que se desploma ante la primera de cambio. Pasó con Rafaela. Y es lo más preocupante para un partido en el que lo mental tiene mucho que ver.

Usted, amigo lector y futbolero, ya vio cómo son las cosas cuando esas cosas no salen. Cuando Unión andaba bien y ganaba clásicos, no había problema interno y la relación con el entrenador era bárbara. Cuando los resultados se consumieron a dos entrenadores en medio año, afloró lo que antes no aparecía. Ni Madelón ni Pumpido tuvieron problemas —al menos serios— con el plantel. Pero bastó que llegara Marini para que aparecieran rumores. Si Marini vio algo raro, si los jugadores se enojaron o no porque los hizo entrenar el domingo posterior al partido con Patronato, si no le gustó algo, forma parte de esa usina de rumores tan habituales en cualquier plantel de fútbol profesional.

Pero si de algo tuvo que tomar nota el nuevo técnico con este fierro caliente que ahora está al rojo vivo después de lo que pasó en el día de su debut (¡pavada de desafío el de “Pomelo”!), es que este equipo decididamente está mal de la cabeza. Amén de las cuestiones futboleras que apuntan, sobre todo, a levantar el rendimiento individual de algunos jugadores que están muy por debajo de su nivel.

El clásico pasado marcó a los dos. Positivamente a Colón y negativamente a Unión. La goleada a Talleres en la avenida terminó siendo una parte del problema. Pareció la recuperación y fue sólo una aspirina para morigerar el dolor. No curó la enfermedad. Y consumió rápidamente al técnico por el que se había “apostado” o “proyectado”. El advenimiento de este clásico pudo haber incidido en el joven DT. Había perdido con Vélez en tiempo de descuento. No era una actuación para irse. No hubo forma de sostenerlo. Y Marini tiene hoy un “problemón” entre sus manos.

Si Unión pierde el clásico, las esquirlas le llegarán a Marini aunque será el menos responsable. Así también, si lo gana (diría también si lo empata), encontrará el mejor alivio y resorte para encauzarse. Y le vendrá bien a la dirigencia. Y al plantel, antes aplaudido a rabiar y hoy mirado de reojo por la gente. Y no lo digo por los 20 o 30 irrepresentativos que fueron a esperar el micro cuando volvió de Rafaela.

Volvamos a lo medular del análisis. A Unión, como está, le conviene el partido “largo”. Pero no pensando en definirlo, sino en sostener el cero en su arco, algo que evidentemente le dará solidez y confianza. En contrapartida, lo que debe evitar es que Colón consiga un gol tempranero. Sería letal. Una prueba de coraje que en algún tiempo hubiese sido un reaseguro, pero que hoy es un problema. Unión había jugado un aceptable primer tiempo con Rafaela, pero todo se desvirtuó en el segundo con un gol tempranero que lo derrumbó por completo. Ahí está la prueba clara del momento que vive este plantel y al que tendrá que sobrellevar y superar rápidamente.

Escribí hace unos días que antes de jugar la revancha con Real Madrid, el Cholo Simeone dijo que “si tengo que motivar a mis jugadores, me voy”. Y humildemente, creo que la cabeza juega y mucho en estas circunstancias. Máxime en un partido con perfil de “decisivo” como es un clásico, que modifica humores y marca —para bien o para mal— a un equipo (por más que uno no comparta demasiado este concepto).

Unión no viene bien pero juega un partido distinto a cualquiera. Y Marini tiene una doble obligación: 1) elegir la mejor estrategia; 2) levantar el ánimo de este plantel. La idea del partido “largo” no implica salir a defenderse o a colgarse del travesaño para jugar de contragolpe. No es aguantar por aguantar. Es aguantar el cero como mejor argumento de generación de confianza. Porque si le pasa lo de Rafaela, será irremontable.

Fiel al 4-1-4-1

Hermetismo total en Unión. La orden de Marini fue no hablar con nadie. Ni él ni los jugadores. Mucho entrenamiento en la semana. Todos a puertas cerradas. Y doble día de concentración. Anoche fue en Casasol y hoy, desde el mediodía, en el Mayorazgo de Paraná. “En boca cerrada no entran moscas”, dice el refrán. Y así se planteó la semana.

Muchos apuestan a que la única duda está en el volante central que se parará delante de la línea de cuatro, en el 4-1-4-1 que tiene previsto mantener como esquema madre. De Iriondo o Acevedo es el interrogante. Y después, de allí en adelante, los mismos que jugaron en Rafaela.

Más allá de esta especulación, El Litoral se permite plantear algún interrogante más en esa línea de cuatro que irá delante del 5. Y si es así, la disyuntiva no es Acevedo o De Iriondo, sino la chance para que ambos jueguen. Y en ese caso, se daría la salida de alguno de los volantes de juego que estuvieron ante Rafaela (Villar, Rivero o Cejas).

De lo que no caben dudas es en cuánto a la integración de la defensa (Nereo en el arco, con Brítez, Erramuspe, Leonardo Sánchez y Zárate en el fondo), en Gamba y en Soldano. Es decir, siete jugadores confirmados y todavía alguna duda para definir a los otros cuatro que saltarán al campo de juego del Brigadier. Fuente: El Litoral

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