Preocupación y ocupación

¿Cómo arrancó todo?, con Madelón apostando a la Copa Argentina, con el club bien posicionado en la tabla de promedios y con la Sudamericana como objetivo. ¿Cómo siguió?, con Madelón renunciando y dejando entrever la falta de ambición de la dirigencia (recordar aquella carta leída el día de la partida). ¿En qué continuó?, en un Juan Pablo Pumpido que a principios de este año soñaba “con que dentro de 50 años los libros digan que fui el primer entrenador en clasificar a Unión para una copa internacional”. ¿Cómo termina?, con un equipo que apenas ganó dos partidos en 2017, que tiene 32 puntos en el torneo, que está vigésimo en un torneo de 30, que quedó a 10 puntos del último clasificado para la Sudamericana y a la misma cantidad de Belgrano, el último del torneo.

¿Qué pasó además?, que Atlético Rafaela (descendido), tiene cinco puntos más; que Temperley (luchando a más no poder por zafar), tiene cuatro puntos más; que Olimpo tiene un punto más y que un equipo que se debatió este año jugando 8 partidos de la Copa Libertadores (Atlético Tucumán), tiene apenas un punto menos y quedó clasificado para seguir jugando de manera internacional (pasó a la Sudamericana).

Esa tranquilidad aparente de hace un año, Unión no supo entenderla. La tranquilidad era para pensar en algo un poco más grande y ambicioso. No para “dormirse” en los supuestos “laureles”. No se armó un plantel con la suficiente jerarquía para dar ese salto de calidad. Había una estructura y una base que, naturalmente, se podía ver afectada por la salida de aquellos jugadores que se destacaban (fueron los casos de Malcorra, Martínez, Triverio, etcétera). No era necesario endeudarse, como opina el presidente. Sino ser consciente de que había que seguir empujando para arriba y no apostar a un estancamiento que se terminó convirtiendo en retroceso.

Esta campaña no sólo ha desdibujado los números, sino que consumió una idea que, en su momento, Unión intentó poner sobre el tapete a la consideración de todos: la apuesta a gente joven del club para dirigir al equipo. Unión disminuyó el potencial del plantel; hizo caer los números del promedio y de la cotización de sus jugadores; cambió tres técnicos en un año y al último (Marini) lo deja en una situación de incomodidad y opinión negativa de muchos para que sea el piloto que trate de esquivar una indeseada futura tormenta.

Marini tiene dos cuestiones a su favor: 1) no armó el plantel; 2) se sometió a una búsqueda constante, cambiando esquemas y jugadores pero sin encontrar un debido respaldo en los resultados (consecuencia natural del bajo nivel del plantel que dirige). En su contra, el técnico no logra lo que es clave y fundamental para un entrenador: resultados que lo fortifiquen. Alguna vez le pasó a Sava. Asumió con el equipo casi descendido y sin chances, le hizo ganar un par de partidos (entre ellos a Boca en la Bombonera y el recordado clásico del gol de Lizio), se quedó a dirigirlo en la B pero duró medio año más. Sava no había sido responsable directo del descenso, porque cuando agarró el equipo, Unión llevaba 19 partidos sin poder ganar. Pero terminó metido en la bolsa del resto por las consecuencias que tuvo todo ese proceso, que desembocó con el descenso en 2013.

El fútbol ha sido una materia imposible de aprobar para Luis Spahn en su presidencia. Sólo pudo armar una base de jerarquía cuando se ascendió en 2014. Pero enseguida repitió viejos errores, dejando en todo momento la impresión que para armar un plantel es necesario que el club “se endeude”, desoyendo reclamos de su gente.

El momento de Unión es preocupante y requiere ocuparse. Además, Spahn debe admitir que esto ha originado un cimbronazo institucional. Si todo marchase bien, no necesitaría pedirle la renuncia a las funciones que desempeñan sus miembros de comisión directiva. ¿Por qué lo hizo?, ¿cuándo va a barajar y dar de nuevo?, ¿por qué no viajó él con el plantel a Huracán, pero sí lo hicieron los que siempre estuvieron al lado del plantel?

A Unión le ha costado demasiado sostenerse en Primera en los últimos tiempos. Y sus únicos logros parecen resignados a ser los de festejar ascensos.

Gobernar un club no es fácil, pero Unión tiene un cierto orden político y económico que en otros clubes cuesta encontrar. Sin embargo, tampoco esa presunta normalidad es aprovechada para dar un salto y sostener un proyecto de crecimiento que no se aborte con tanta facilidad. Esto depende y mucho del presidente. Lo bueno y lo malo.

¿Habrá reunión esta vez?

Se supo hace un par de días sobre cierta molestia en una segunda línea dirigencial por no haberse realizado la reunión de comisión directiva programada para la semana pasada. Supuestamente, en ese encuentro se iban a producir novedades en cuanto a la reorganización dirigencial. Ahora parece que Spahn convocará a reunión esta semana que se inicia, para decidir algunas cuestiones de funcionamiento. En realidad, uno de los temas neurálgicos y determinantes en Unión es el fútbol. ¿Seguirán algunos de los que integraban la subcomisión?, ¿habrá cambios fundamentales?, ¿se incorporará nueva gente de la misma dirigencia para trabajar en ese rubro?. Todo esto sólo pasa por la cabeza del presidente, según los mismos dirigentes se encargaron de señalar. Fuente: El Litoral

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