"Eterno y Glorioso 89 Tatengue"

Hay hechos que no tienen fecha de vencimiento. Aquel 29 de julio de 1989, el fútbol de nuestro pago chico alcanzó una excentricidad notable y dejó una huella bien marcada para la posteridad. Ese día Santa Fe estuvo atrapado por una desproporción llamada “clásico-final”.

Esa mayúscula definición no caerá nunca en el olvido y se rebobinará de generación en generación, para recordar que en una tarde de crudo invierno, aquel “Glorioso Unión” arrolló a su eterno rival, que no era un equipo de monaguillos sino una orden de pretorianos, que sucumbió ante un rival abrumador que llegó a la cima superando todo y a todos… incluso al mismísimo paso del tiempo..

Aquella tarde, 22 hombres jugaron el partido más importante de la ciudad. Ninguno bajó la mirada. Un Unión-Colón revancha, decisivo. Un duelo planteado en términos de fuego y acero. El escenario no podía ser más cautivante: el 15 de abril. El rival de siempre invitado al patio de su casa para ser testigo de una obra maestra de todos los tiempos. Los rojiblancos fueron héroes para siempre.

Una final está sometida a una fuerte carga psicológica que muchas veces condiciona los resortes futbolísticos. Sobran ejemplos en los que el que figuraba más abajo detecta en esa subestimación la motivación para impulsarse. No pasó esto en el clásico del 89. Ganó el que mejor jugó los 180 minutos: 2 a 0 de visitante y 1 a 0 en su cancha el "inmortal 29J89"

El Tate aterrizó con las individualidades más explosivas del certamen y se convirtió en una formación de comprobada fortaleza. Los signos vitales de esa formación  respondieron a su vena competitiva y a la ilusión que nació del ídolo: “Sir” Leonardo Madelón.

Aquellos triunfos fueron armoniosos pentagramas.  Aquel equipo una verdadera orquesta típica. Aquellos goles la más pura melodía. Y ese ascenso… el ascenso del Glorioso 89 Tatengue, fue acaso la mejor y mayor sinfonía futbolera de la historia, celebrada en los dos más grandes escenarios del balompié local.

Esos jugadores liderados por Zucarelli estuvieron agazapados, hambrientos y con un espíritu devorador. Se ganaron el derecho de entrar por la puerta grande a la historia. Coronados de gloria vivirán por siempre, porque además, en el durísimo escollo que fue Colón, también está el lustre del final de la obra.

Una célebre actuación con aspecto de reliquia que merece un lugar de privilegio hasta en el “Rosa Galisteo”. Ahí quedó para siempre su testamento de fábula. Ellos construyeron algo no menor con una simple pelota, épica. Aquel Unión, quedó inmortalizado para siempre. Y la eternidad es una reserva para elegidos. Fuente: LT10

Con tecnología de Blogger.