Sin dudas, su lugar en el mundo

La historia de Leo Madelón con Unión es grande, muy grande. Un dirigente con mayúsculas como Super Manuel Corral lo fue a buscar en medio de un campeonato, el de la B Nacional 88-89, cuando Leo llegó a Unión después de haber jugado en San Lorenzo y de haberse convertido en uno de los líderes de aquel equipo que recibió el mote de “Los Camboyanos” y que en medio de una profunda crisis económica del club, llevó a San Lorenzo a jugar la Libertadores. Apenas unos meses después, Corral lo sedujo para traerlo a Santa Fe y firmó en enero de 1989. Fue una sorpresa para todo el mundo del fútbol: Madelón era un jugador destacado que podía jugar en cualquier club de Primera. Sin embargo, llegó a Unión y fue clave en ese equipo de Zuccarelli que pareció invencible en la parte final del torneo y que ascendió brillantemente ganando los dos clásicos.

Con la misma base y con Madelón convertido en figura, Unión hizo una muy buena temporada en Primera. El equipo llegó a merodear los primeros puestos después de aquella inolvidable noche en la Bombonera, con gol de Llane. Madelón y Echaniz fueron transferidos y el equipo se cayó en el final. Aún así, redondeó una muy buena campaña. Y Madelón volvió a tener su chance de volver —y como salvador— en el primer lustro de los 90, con un club que se caía desde todos los aspectos, arrancando por lo deportivo.

Ya como entrenador, Madelón volvió a Unión prácticamente en el inicio de su carrera. Con 37 años asumió la conducción del equipo, después de haber tenido un breve recorrido por Colegiales y El Porvenir en el ascenso metropolitano. Duró 18 partidos. Le fue mejor en lo futbolístico que en los resultados. El equipo tenía una idea de juego, pero los resultados no se le daban. Pecaba de ingenuidad e inexperiencia.

Desde allí, el derrotero de Madelón fue largo, muy largo, con momentos de éxito y otros de fracasos. Como le ocurre a todos. O al menos a la enorme mayoría. Supo de grandes logros como el brillante ascenso con Olimpo (un equipo que jugaba muy bien y goleaba) o la salvación increíble del descenso con Gimnasia y Esgrima La Plata. También de momentos que no preferiría recordar, como cuando se fue al descenso después de perder una Promoción con All Boys, dirigiendo a Rosario Central. El pasado inmediato a su cuarta llegada a Unión, se dio con el antecedente de dos pasos flojos en resultados por Quilmes y San Lorenzo. A este último, el club que lo vio crecer futbolísticamente como jugador, apenas lo pudo dirigir en 13 partidos, ganando sólo 3. Algo imperdonable para un club grande. Era la temporada 2011. Y ahí apareció Unión.

No era un buen momento. Spahn había cometido una gran equivocación en el armado de aquel equipo que necesitaba un segundo año de consolidación en Primera. Se fue al descenso rápidamente: fue irremontable el hecho de haber estado más de un torneo de 19 fechas sin poder ganar un solo partido. Se había apuntado a Sava, un técnico joven, con la convicción de apostar a un proceso largo y a sabiendas de que el descenso era irremediable. Sava armó el equipo para buscar la vuelta, pero no le fue bien. A mitad de torneo se fue y Unión se lanzó en la búsqueda de alguien identificado plenamente con la casa. La patriada fue de Marcelo Martín. “Ahora está más maduro, mucho mejor que cuando lo buscamos por primera vez”, recuerdo que dijo el dirigente. Y claro, habían pasado 12 años desde aquella “primera vez”.

Madelón supo en medio año qué era lo que tenía que hacer para ascender: y lo consiguió. Fue brillante lo de su equipo en aquél torneo, que no tuvo un comienzo ideal. Algunos pensaron en echarlo si no le ganaba el “famoso” partido a Crucero del Norte en el 15 de Abril. De ahí en más, se transformó en imparable. Fue un campeón sin corona por esas cosas inentendibles del fútbol argentino (no debe haber un solo torneo de fútbol en el mundo que no corone a un “campeón”, salvo aquél de la Primera B Nacional de 2014). Madelón consiguió meterse otra vez en la gran historia. Y no sólo mantuvo al equipo en Primera, sino que ganó clásicos, potenció jugadores, miró para abajo e hizo crecer al club en lo deportivo, económico e institucional. Fue parte importante de un proceso que otra vez se detuvo. Y Spahn lo buscó como paraguas protector. Para que empiece de nuevo. En su lugar en el mundo. Fuente: El Litoral


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